martes, 13 de marzo de 2012


¿Nuestra imagen es elocuente?

La mano elocuente de Giotto contenía en su gesto la facultad de hablar mediante convenciones seguidas como verdaderas, como una guía que conmovía acerca de la religión católica. El Giotto supo persuadir con el manejo inteligente de un gesto el discurso de la religión.

Ahora, nuestro contexto es diferente, vivimos la era de la imagen donde las convenciones pretenden ser globales y lo producido es consumido en cualquier ambiente, lo ambiguo se vuelve un lugar común y la elocuencia se supedita a la cultura del receptor. En este sentido, el mensaje pierde control y para que su interpretación sea la deseada, se vuelve necesario analizar el por qué de esa imagen, situación que se antoja utópica por lo acelerado de la vida de la imagen. Así nuestra responsabilidad y capacidad como creadores de imágenes debe responder con impacto a los segundos que ofrece la sociedad para su lectura. La imagen se volvió inmediata, desechable, sustituible y cuestionada en tanto a verdadera, situación contraria a la época de la obra de Giotto donde era perdurable y elocuente. Las épocas hablan de dos tipos de mensajes; en caso del Giotto construido en las bases solidas de la religión como centro de poder y en nuestra actualidad en lo voraz de nuestra vida acelerada.

¿Cómo hacer que eso que está destinado a tener una muerte rápida pueda construir un mensaje sólido? Una posibilidad −que si bien no dará respuesta tal vez aporte perspectivas útiles para cuestionar nuestra realidad−, es regresar la mirada al pasado y reconstruirnos en las imágenes, ver que tanto correspondemos, tal vez el resultado contraste y pueda ser absurdo pero es un ejercicio que se piensa interesante.


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