¿Nuestra imagen es
elocuente?
La mano elocuente de Giotto contenía en su gesto la facultad
de hablar mediante convenciones seguidas como verdaderas, como una guía que
conmovía acerca de la religión católica. El Giotto supo persuadir con el manejo
inteligente de un gesto el discurso de la religión.
Ahora, nuestro contexto es diferente, vivimos la era de la
imagen donde las convenciones pretenden ser globales y lo producido es
consumido en cualquier ambiente, lo ambiguo se vuelve un lugar común y la elocuencia
se supedita a la cultura del receptor. En este sentido, el mensaje pierde control
y para que su interpretación sea la deseada, se vuelve necesario analizar el
por qué de esa imagen, situación que se antoja utópica por lo acelerado de la
vida de la imagen. Así nuestra responsabilidad y capacidad como creadores de imágenes
debe responder con impacto a los segundos que ofrece la sociedad para su
lectura. La imagen se volvió inmediata, desechable, sustituible y cuestionada
en tanto a verdadera, situación contraria a la época de la obra de Giotto donde
era perdurable y elocuente. Las épocas hablan de dos tipos de mensajes; en caso
del Giotto construido en las bases solidas de la religión como centro de poder y
en nuestra actualidad en lo voraz de nuestra vida acelerada.
¿Cómo hacer que eso que está destinado a tener una muerte
rápida pueda construir un mensaje sólido? Una posibilidad −que
si bien no dará respuesta tal vez aporte perspectivas útiles para cuestionar
nuestra realidad−, es regresar la mirada al pasado y reconstruirnos en las
imágenes, ver que tanto correspondemos, tal vez el resultado contraste y pueda
ser absurdo pero es un ejercicio que se piensa interesante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario