martes, 28 de febrero de 2012

El truco del diablo

acabo de ver una parte clave del estudiante de Praga, y me recordó de inmediato este fragmento de la Pelicula "historias del desencanto" de Alejandro Valle


lunes, 27 de febrero de 2012

La velocidad del ojo o mi comentario de la lectura de Gombrich


Athanasius Kircher en su obra Ars magna lucis et umbrae hace un estudio de los fenómenos físicos de la luz que permiten la percepción sensorial del mundo físico. Siendo un hombre de Dios, pese a la frialdad científica de sus descubrimientos, siempre quedo en ellos un destello de la obra divina, y las funciones mas complejas del ojo humano estaban atribuidas a sucesos similares a milagros en que los objetos eran reconstruidos en el ojo del observador, mas no representados.

De esta manera existe una luz física propia del mundo real, y una luz moral propia del espacio de la mente, que busca exteriorizarse, y se convierte en el arte.

Como mencioné, entre las representaciones con pigmentos de nuestros antepasados mas antiguos, y las pinturas contemporáneas, no existe una gran brecha que separe la necesidad e intención de la descripción visual de un objeto, o un pensamiento, o un obketo como elemento simbólico de un pensamiento, pero es en los procesos de grandes escalas y de distribución masiva, donde la velocidad, es decir, la economía de tiempo, se ha visto afectada por las capacidades mecánicas de los medios propios de cada época.  Y eso es lo que considero importante de la lectura de Gombrich, la velocidad, muy en liga con los estudios de los no lugares y las auras benjaminianas, se trata de la capacidad de convencimiento de un espacio irreal que es cada vez, mas fácil de producir, y en la mente del espectador, de poseer.
 




Hasta llegar a los excesos mas permisibles por su propuesta visual, no encasillada en la hiperrealidad, sino en la autoreferencia del estilo pasado.
 

miércoles, 22 de febrero de 2012


De la luz a la pintura

Miramos al objeto con una mirada fija, luego a la paleta, y en tercer lugar a la tela… Se le ha transformado de luz a pintura.
Ernest Gombrich.

En la actividad del artista los elementos de trabajo descritos por Gombrich le son útiles para establecer vínculos entre su realidad física inmediata y su materia sensible. De igual manera, en todo ser humano se establece este mismo lazo con el entorno; al inicio somos seres vivos con un lienzo infinito y oscuro, donde la curiosa percepción traza improntas de luz que nos llevan a dibujar –mediante la experiencia– nuestra realidad. Pasamos pues, a ser una película sensible a los estímulos, un gran bastidor continente de vestigios, de experiencias: de memorias.
    Si bien, nos convertimos de una masa obscura a reconocedores de la luz, es porque en gran medida hemos aprendido a seleccionar y destacar de un fondo el haz que contrasta con nuestra realidad, el cual nos proporciona la vitalidad para el cambio. No somos fieles a lo natural sino a un proceso metamórfico en busca de experiencias. Somos una arborescencia producto de la resistencia entre trazos de claridad y ceguera, una ilusión del pasado y del ahora, un registro de vida, de inteligencia perceptual: somos una pintura que se ha interpretado por medio de la luz.

La verdad y el estereotipo

El retrato correcto… No es una anotación fiel de una experiencia visual, sino la fiel construcción de un modelo de relaciones.
Ernest Gombrich

Nuestra memoria vista como un conjunto de lienzos de acetato, producto de las impresiones juego de luz y obscuridad, representa la verdad por la cual entendemos y reaccionamos al entorno. En lo cotidiano, con la intención de construir dicho concepto accedemos a este archivo mnemotécnico y desplegándole como a un acordeón –que yuxtapone en una sola escena distintas verdades–, modificamos y adherimos nuevas estructuras. Como resultado, lo experimentado se convierte en un lienzo nuevo.
     La verdad no es estática ni totalizadora, es sólido que se evapora, que se adapta para que podamos sobrevivir. Su cambio habla de las relaciones con lo inmediato, de apertura, de reconocer que su proceso es equiparable al lento crepúsculo de la experiencia perceptual, el cual no culmina sino se transforma.

La visualidad de las realidades contemporáneas. Una reflexión en torno a Gombrich.

Entre los dos pasajes que analizamos de éste crítico e historiador del arte De la luz a la pintura y La verdad y el estereotipo existe una convergencia con relación a la percepción del humano hacia la realidad y como la imagen juega un papel medular para ello y nuestro propio comportamiento dentro de la sociedad. Las estructuras están ligadas a maneras preconcebidas y configuradas a partir de la experiencia y la sobrevivencia por medio de estos mecanismos. Nuestra memoria está basada en un inicio en estos indicadores que nos muestran el instinto para la identificación de fuentes referenciales de la realidad.

Con estos referentes, formados a partir de la historia de la humanidad, el individuo va formando sus propios referentes y convirtiendo su realidad en una especificidad. En la sociedad actual, estas manifestaciones están asociadas a factores de comunicación mucho más poderosos que basan su funcionamiento en el sistema económico globalizado y en la tecnología. En este sentido Gombrich nos proporcionó ciertas herramientas que devinieron en verdades posmodernas, en donde al arte cada vez está más ligado a la ciencia y la tecnología de las realidades alternas y la luz se transfigura en nuevas dimensiones.

Una de estas manifestaciones, que a pesar de tener ya más de diez años de existencia, es la realidad aumentada. Este fenómeno aprovecha las cualidades de la virtualidad de los dispositivos móviles para construir entornos diferentes en tiempo real, es decir que se interactúa con una interfaz que se construye en tiempo real utilizando el mismo espacio virtual del individuo. ¿Será que en un futuro cercano nuestra mirada se quede restringida a un espacio en la pantalla? ¿Seremos capaces de aumentar e ir más allá de los límites de la comunicación visual persé? Según el autor las polaridades están supeditadas por la singularidad de la adaptabilidad y la creación de nuevos paradigmas acordes al aprendizaje arboriforme.



martes, 21 de febrero de 2012

Breve comentario sobre lectura de E. H. Gombrich

Para Ernst Gombrich el arte se origina en la mente, en las reacciones ante el mundo más que en el mundo visible en si por lo tanto todo el arte es conceptual en la medida que los referentes a los que hace alusión son constituyentes de la realidad.

Así el lenguaje no es sólo poner nombres a cosas o conceptos preexistentes sino que sirve para articular el mundo de nuestra experiencia, las imágenes del arte quizá hacen lo mismo en tanto representan metáforas vagas de los motivos que el artista ha de plasmar.


domingo, 19 de febrero de 2012

Instrucciones para dar cuerda al Reloj

Julio Cortázar


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj
  Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

Instrucciones para dar cuerda al reloj 

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.