lunes, 27 de febrero de 2012

La velocidad del ojo o mi comentario de la lectura de Gombrich


Athanasius Kircher en su obra Ars magna lucis et umbrae hace un estudio de los fenómenos físicos de la luz que permiten la percepción sensorial del mundo físico. Siendo un hombre de Dios, pese a la frialdad científica de sus descubrimientos, siempre quedo en ellos un destello de la obra divina, y las funciones mas complejas del ojo humano estaban atribuidas a sucesos similares a milagros en que los objetos eran reconstruidos en el ojo del observador, mas no representados.

De esta manera existe una luz física propia del mundo real, y una luz moral propia del espacio de la mente, que busca exteriorizarse, y se convierte en el arte.

Como mencioné, entre las representaciones con pigmentos de nuestros antepasados mas antiguos, y las pinturas contemporáneas, no existe una gran brecha que separe la necesidad e intención de la descripción visual de un objeto, o un pensamiento, o un obketo como elemento simbólico de un pensamiento, pero es en los procesos de grandes escalas y de distribución masiva, donde la velocidad, es decir, la economía de tiempo, se ha visto afectada por las capacidades mecánicas de los medios propios de cada época.  Y eso es lo que considero importante de la lectura de Gombrich, la velocidad, muy en liga con los estudios de los no lugares y las auras benjaminianas, se trata de la capacidad de convencimiento de un espacio irreal que es cada vez, mas fácil de producir, y en la mente del espectador, de poseer.
 




Hasta llegar a los excesos mas permisibles por su propuesta visual, no encasillada en la hiperrealidad, sino en la autoreferencia del estilo pasado.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario