miércoles, 7 de marzo de 2012

El gesto: la mano elocuente en la narrativa.

Al iniciar los textos tanto de Chastel como de Barash en su dimensión del significado de la sugerencia del movimiento gestual en tanto el ritual religioso, pero más que nada en su continuidad narrativa y el objetivo de describir una acción que debía comunicar ciertos mensajes. En este sentido, la búsqueda de la retroalimentación en la composición de la historia a contar pero también en la transmisión de las emociones para generar impacto a través del discurso. El ejemplo idóneo es –como se menciona en la lectura- Caravaggio, pues el integró los elementos de su entorno en la visión religiosa de su época para conferirle una dimensión que sólo él podía concebir: el acercamiento de Dios con el hombre.

Así citaré esta parte del texto que me parece fundamental: “Los gestos expresivos son uno de los dos grandes medios a disposición del pintor para suscitar reacciones cercanas a la realidad” de este modo al contar con el dominio de estas herramientas, no sólo puede sugerir las emociones, hacerlas reales, sino que transformar los medios y los significados para crear nuevas paradigmas de comunicación. Como lo logró Giotto al condensar las formas heredadas en otras formas de representación que daban pormenores de interpretación para el espectador. De esta manera, se inserta también la traducción y vinculación de un tercero al discurso: sentido de la obra.

Por último quisiera hablar sobre Seigei Einsentein quien no sólo desarrollo las posibilidades del gesto si no que lo transformó en una posibilidad de montaje por medio de los atributos del cine y su narrativa. Eisenstein rompe con los moldes tradicionales de montaje. El acorazado Potemkin constituye un buen ejemplo. En lo que Eisenstein describió como montaje intelectual, o montaje ideológico, los objetos y los personajes se unen y se separan, entran y salen, se unen de variadas formas provocando el desconcierto del espectador, que se obliga a pensar, preguntándose qué sucede en la pantalla, adquiriendo conciencia por sí mismo de los hechos que ve con estupor. Eisenstein propone el montaje con libertad de situaciones y escenas arbitrariamente elegidas, independientes entre sí pero con una orientación precisa hacia un determinado efecto temático final. La secuencia completa de las escaleras de Odessa, es una muestra única para explicar ese tipo de montaje.


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