miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reflexiones sobre el Aura y Walter Benjamin

Sobre la Autenticidad: Benjamin enuncia que la reproductibilidad técnica incide en la obra de arte de dos modos: primero, (y viéndolo como una ventaja), en el modo que permite que la reproducción técnica pueda tener independencia del original en tanto comparada con la reproducción manual (que suele categorizarse como imitación y por ende, como falsedad), esto, según él, puede ayudar a resaltar aspectos o detalles que a simple vista podrían pasar inadvertidos del original, y otra cualidad, la que puede hacer que la réplica acceda a lugares que el original no puede, con lo que la misma puede tener mucha mayor difusión y alcance con el receptor. Con ello, la obra se expande a muchos sitios,  y se masifica.

Pero también afecta en el modo que tiende a destruir el aura, el cual a su vez es definido como el núcleo primordial de la obra, y que también puede ser resumido como el concepto de autenticidad, del que destaca su carácter de único, y que está condicionado a partir de “su aquí y su ahora”, muy importante en el planteamiento benjaminiano, pues así es como él define al aura: “Un entretejido muy especial de espacio y tiempo”. Y esta aura viene muy de la mano con la tradición, que se traduciría como el valor de culto de la obra, basado precisamente en su cualidad de única y determinada por su espacio y tiempo (el contexto que la originó). De ello se desprende que este valor de culto implica restos de un valor de ritual, que Benjamin sitúa como el modo en que solemos ver a las obras de arte: con una cierta reverencia o admiración, no importando si esta es religiosa o meramente estética, ya sea por la obra en sí, o por el artista que la produce.

Ahora bien,  si la reproducción técnica lo que destruye es el aura de la obra al eliminar ese carácter de unicidad, ¿resultaría entonces que la masificación con réplicas de una obra carecen de aura, pues el valor de culto inherente a la unicidad ya no aparece en ellas?, en ese sentido coincido con lo que ya  han mencionado algunos compañeros, y creo que siguen remitiéndola, y aún cuando sea réplica o transformación de la “grandes” obras a través de la manipulación digital y bajo los términos de la cultura pop, el aura se transforma y si quizá se desvanece o marchita, quedan aún rastros en sus réplicas, y puede ser que Benjamin quizá aún no contemplaba el carácter de lo efímero dentro de la obra de arte como cualidad inherente (y orígen) y por lo tanto su más preciado valor dentro de la obra en sí, cualidades y valores ahora muy en boga en nuestros días (el aura en estado gaseoso, parafraseando a Michaud), sí podría aventurar a creer que por lo menos veía una posible solución: el desplazar la validación de la autenticidad de la obra basada ya no en el ritual, sino en la política, lo que yo entendería como el contexto social o como reflejo de la sociedad que al artista le toca vivir y con la cual se compromete. Incluso, encuentra otra vía al analizar la confrontación entre el valor de culto y el valor de exhibición (que a grandes rasgos,  es la que se basaría en el principio de que toda obra busca ser exhibida), y que predomina ahora, alentada por los avances vertiginosos de las tecnologías que nos permiten el acceso de la obra a través de las distintas técnicas de reproducción que ellas ofrecen, y que se relaciona directamente con la masificación y el objetivo que Benjamin le asigna: el de la constante experimentación, entendidéndose como una cualidad en que los valores como “seriedad y juego, rigor y desentendimiento, aparecen entrelazados entre sí en toda obra de arte, aunque en proporciones sumamente cambiantes.”

Sobre el valor eterno: Cuando Benjamin contrapone el modo de hacer obras de arte de los griegos, que buscaban un valor eterno (nuevamente definido a partir del concepto de unicidad de la obra y que no permite mejoras) con el cine (que en esa época era una novedad) y que se basa en el hecho de construir una obra por partes que a su vez pueden ser seleccionadas y  mejoradas en cada paso (y por, lo tanto no se realiza de un solo golpe y esta condicionado por su reproductibilidad), afirma que en este último la plástica (o sea el valor de las creaciones de una pieza con los griegos), decae;  sin embargo, yo creo que no es necesariamente así, ya que existen películas que hoy son consideradas obras de arte, y generan precisamente un culto (¿aura?) que se mantendrá así, puesto que a pesar de que se hagan remakes, de ellas, siempre estará la primera como un referente, y ciertamente muy pocas versiones nuevas pasan con buena aceptación en comparación de las originales, lo cual en cierta medida le daría la razón a Benjamin en cuanto a la imitación. El aura aún puede pesar.
Un ejemplo a este respecto, a bote pronto, sería el fallido remake de 1998 de la película original de 1960 "Psicosis" de Alfred Hitchcock.

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